Entrenar en casa siendo madre: cuando decides no dejarte para el final
💫 Cuando ser madre te hace olvidarte de ti… y decides volver
Hay etapas en la vida en las que el deporte no es una opción… es parte de ti.
En mi caso, empecé muy pequeña. Con 6 años mis padres me apuntaron al gimnasio porque siempre me había gustado moverme, y además se me daba bien. A los pocos años crearon un equipo de competición y me seleccionaron.
Ahí empezó una etapa que marcó gran parte de mi vida.
🏆 El deporte como forma de vida
Desde muy pequeña, el gimnasio era prácticamente mi segunda casa. A los 9 o 10 años entrenaba a diario un par de horas y, en época de competición, incluso los fines de semana. Con 15 o 16 años me propusieron dar clases a niños pequeños, así que pasaba prácticamente toda la tarde en el gimnasio.
Recuerdo entrar al gimnasio a las 17:30, estar hasta las 19:30 dando clases y después quedarme yo a entrenar. Salía de allí sobre las 22:00, compaginándolo todo con los estudios.
Era exigente… pero era mi mundo.
Y así estuve hasta los 18 años, cuando empecé a trabajar de administrativa. Ya no podía dedicarle el tiempo que requería, así que dejé la competición, pero seguí yendo al gimnasio muchos años más, haciendo alguna clase dirigida y empezando también con el entrenamiento de pesas.
El deporte no solo formaba parte de mi rutina, también me enseñó valores que me han acompañado toda la vida: la disciplina de ser constante aunque no apetezca, el esfuerzo de seguir adelante incluso cuando cansa, el trabajo en equipo, la superación personal y el compañerismo.
Cosas que, cuando eres niña, quizá no eres del todo consciente, pero que se van quedando dentro y te van formando como persona. Y con el tiempo te das cuenta de lo mucho que todo eso te ha ayudado también en la vida adulta.
🤍 El gran cambio: el parón más difícil
Con 28 años me quedé embarazada de mi hija Chloe y me di de baja del gimnasio.
Y te soy sincera: me costó muchísimo dar ese paso. No era solo dejar de entrenar, era dejar una parte de mi vida que me había acompañado desde que era una niña. Algo que me definía, que me hacía sentir bien, fuerte y conectada conmigo misma, y de alguna forma también con todas las personas maravillosas que me había encontrado por el camino y que ya eran como familia.
Ahí empezó un parón importante.
No hacía deporte. Nada.
En ese momento mi prioridad absoluta era otra: mi hija Chloe, que nació en 2013.
Con 29 años acababa de ser mamá y todo mi mundo era ella. Todo. Mi vida giraba en torno a ser madre, cuidarla y adaptarme a esa nueva etapa, que precisamente fácil no estaba siendo.
Yo había pasado completamente a un segundo plano.
🌿 La vida sigue cambiando
Cuando nació mi segundo hijo, Mario en 2019, la vida ya era un no parar. Entre niños pequeños, cansancio y rutina, el deporte había desaparecido por completo desde hacía 7 años.
Y con él, también los hábitos.
Habían pasado años sin entrenar ni cuidarme como antes, y el cuerpo inevitablemente cambia con los embarazos, el ritmo de vida y el paso del tiempo.
Empiezas a notar más cansancio, menos tono, más retención, algún kilo de más… y sin darte cuenta entras en un bucle muy silencioso:
te ves peor → te sientes peor → te cuidas menos → y cuesta aún más volver a empezar.
Es una rueda de la que cuesta salir cuando estás dentro.
No era falta de ganas. Era la vida, las prioridades, y el colocarte siempre la última.
Y así pasa el tiempo.
✨ Volver a mí
Empecé a entrenar en casa poco a poco en 2020, cuando llegó el COVID y la vida se paró en seco. Justo acababa de reincorporarme al trabajo tras la baja maternal de Mario, y sentía que necesitaba volver a moverme, aunque fuera de forma muy suave.
Empecé con vídeos de YouTube. Primero yoga, después rutinas de HIIT, algo de cardio… poco a poco fui volviendo a conectar con el movimiento.
Y sin darme cuenta, empecé a meter un pie en esa rueda de empezar a priorizarme un poco más y a encontrar mi propio espacio.
Sin exigencia. Sin perfección. Pero con algo que antes no tenía: constancia.
Y ese pequeño hábito, casi sin darme cuenta, volvió a ser algo mío.
No porque tenga más tiempo… sino porque me lo he vuelto a dar.
Hoy, con 41 años, me siento en uno de mis mejores momentos físicos y mentales. Entreno seis días a la semana y priorizo la fuerza, seguida de HIIT, core y cardio, con una buena alimentación en mi día a día, sin olvidarme de darme algún gusto, claro. Soy disfrutona, y creo que todo en la vida tiene que vivirse sin extremos: cuidarse y moverse es salud, pero también lo es permitirse disfrutar de vez en cuando.
⏳ La clave no es el tiempo, es la prioridad
Entreno en casa con niños, trabajo, extraescolares, mochilas, cenas por preparar, lavadoras, cosas por hacer y mil cosas más. A veces me preguntan: “¿cómo lo haces?”
Primero de todo y algo muy importante es que en casa somos equipo. Mi marido y yo compartimos las tareas y encontramos un rato al día para priorizarnos también nosotros, tener nuestro momento y desconectar.
Porque siempre hay cosas por hacer. La casa no se termina nunca.
Pero entrenar forma parte de mi rutina. De mi día. De mi vida.
Y aun así lo hago.
Porque entendí algo muy claro: el tiempo no aparece… se decide.
Siempre habrá cosas que hacer. Siempre.
Pero si te dejas para el final, nunca llegas a ti.
No es motivación. Es identidad y prioridad.
Tú ya no negocias contigo misma si entrenas o no según el ánimo del día. Igual que no negocias ducharte o ir a trabajar.
Forma parte de tu vida.
Y ahí está el cambio brutal.
Porque la mayoría de personas espera y ponen excusas:
- tener ganas
- acabar toda la faena
- estar descansadas
- tener la casa recogida
- que los niños estén tranquilos
Y entonces no entrenan nunca.
Pero la realidad es otra: las tareas de casa no se terminan jamás. Siempre habrá ropa, cosas por hacer, niños, cenas, mensajes, cansancio… siempre.
Si te pones la última de la lista, desapareces tú.
Y además, entrenar en casa tiene muchísimo mérito precisamente por eso. Porque no es un espacio externo donde desconectas como en un gimnasio. En casa sigues dentro de tu vida real: la lavadora, la cocina, las interrupciones, el “ahora lo hago rápido y vuelvo”…
Y si no tienes claro tu momento, no lo haces.
Por eso es tan importante lo que cambia dentro de ti cuando lo entiendes.
Cuando decides que ese rato es tuyo. Que no se negocia. Que no depende del día.
Ese espacio mental de “esta hora es mía”… vale oro.
💪 Entrenar incluso en los días difíciles
No todos los días son buenos.
Hay días de cansancio, de estrés, de cero ganas.
Pero también aprendí que esos días cuentan.
No siempre perfecto… pero siempre hecho.
🌸 El cambio que no esperas
Con el tiempo empiezas a notarlo:
- más energía
- más fuerza
- más confianza
- más conexión contigo misma
Y sin darte cuenta… vuelves a ti.
🌟 Tener 40 no es ir hacia atrás
Nos han hecho creer que la edad es una cuesta abajo.
Pero no siempre es así.
Cuando te cuidas, cuando te respetas, cuando te priorizas… esta etapa puede ser una de las mejores de tu vida.
🤍 No es perfección, es constancia
No busco hacerlo perfecto.
Busco no abandonarme.
Porque al final no se trata de un cuerpo ideal…
Se trata de volver a ti y de sentirte bien.
“Cuida tu cuerpo. Es el único lugar que tienes para vivir.” — Jim Rohn 💪✨
💬 Y ahora te leo a ti…
¿En qué momento te has olvidado un poco de ti últimamente?
Te leo en comentarios 🤍
📩 No te pierdas los próximos posts
Si te ha gustado este post y te ha ayudado aunque sea un poquito…
📌 Suscríbete al blog “Momentos y Más”
¡Sígueme en Instagram! 📸✨

Comentarios
Publicar un comentario