Cumplir 42 y sentir que estoy en una de las mejores etapas de mi vida
«Envejecer es obligatorio; crecer es opcional ✨.»
— Walt Disney
El jueves cumple 7 años Mario y el 15 de octubre Chloe cumplirá 13. Y entre cumpleaños, vuelta al cole y septiembre, de repente me he puesto a pensar que yo también cumplo años en unos días.
42.
Lo digo y todavía me hace gracia. ¿42? ¡Wow! ¿En qué momento ha pasado esto? 😂
Recuerdo que cuando era pequeña y escuchaba decir que alguien tenía 40 o 42 años pensaba: «Qué mayor».
Y ahora que estoy aquí, resulta que no es exactamente como me lo imaginaba.
Sí, empiezas a ver alguna que otra cana, aparece alguna arruguita que antes no estaba y de vez en cuando el espejo te recuerda que los años pasan. Pero una cosa tengo clara: 42 años no es ser mayor.
Quizá cuando era pequeña me parecía una barbaridad porque nuestra percepción de las edades también ha cambiado. Pero hoy, con una esperanza de vida mucho más alta y con una forma de vivir muy diferente a la de generaciones anteriores, los 40 son todavía una etapa muy joven de la vida. Y no lo digo solamente porque yo vaya hacer 42. 😜
De hecho, todavía hay momentos en los que algún niño o algún adolescente me llama «señora» y mi primera reacción es pensar: «¿Perdona? ¿A mí? 😂». Luego me acuerdo de que, efectivamente, soy una señora para ellos... pero eso ya es otra historia. 😂
Y creo que también tiene mucho que ver con que los 40 de ahora no son los 40 de antes. Han cambiado muchas cosas. La forma de vivir, de cuidarnos, de relacionarnos, de trabajar, de viajar, de disfrutar del tiempo libre... Incluso la manera en la que entendemos lo que significa hacerse mayor.
Hace años parecía que llegar a los 40 significaba entrar directamente en otra etapa de la vida mucho más seria. Hoy veo a mujeres de 40, 45 o 50 haciendo deporte, viajando, saliendo con amigas, empezando proyectos, aprendiendo cosas nuevas, cuidándose y, simplemente, disfrutando de su vida.
Y me gusta pensar que yo también formo parte de esa generación.
Porque cumplir años no significa que de repente dejes de ser joven, de hacer planes, de reírte de tonterías o de tener ganas de hacer cosas. Significa que tienes más años, sí. Pero también tienes más experiencias, más criterio y, al menos en mi caso, bastante más claro quién soy y qué quiero.
Así que sí, tengo 42.
Alguna cana, alguna arruguita y alguna parte del cuerpo que ya no responde exactamente como cuando tenía 25. 😂
Pero también me siento fuerte, activa, con ganas y, sobre todo, muy a gusto con la etapa en la que estoy.
Estoy en una etapa que me gusta
Mis hijos ya no son bebés. Mario empieza a hacerse mayor y Chloe está entrando de lleno en la adolescencia. Y aunque ser madre sigue siendo probablemente lo más difícil que he hecho nunca, también hay algo bonito en ver cómo van creciendo y cómo nuestra relación va cambiando.
Ya no necesitan exactamente lo mismo que necesitaban hace unos años. Y eso también me permite recuperar algunas partes de mí.
Intento cuidarme bastante, con el ejercicio, con la alimentación y, en general, prestando un poco más de atención a cómo me encuentro y a lo que necesito.
Y quizá por eso me hace gracia cuando pienso en la edad. Porque físicamente me siento mejor ahora que hace unos años.
No quiero volver a tener 25.
Y esto no significa que no disfrutara de aquella época. Claro que sí. La viví, la disfruté y forma parte de quien soy.
Pero ya está.
Ya la he vivido.
No quiero volver atrás porque hoy no necesito lo mismo que necesitaba entonces.
Porque las personas cambiamos. Y menos mal.
Creo que una de las cosas que más claras tengo a estas alturas es que uno va cambiando a lo largo de la vida.
Cambiamos por las experiencias, por las personas que aparecen y desaparecen, por las decisiones que tomamos, por las que salen bien y por las que no salen tan bien. Cambiamos porque nos pasan cosas.
Y porque, simplemente, ya no tenemos las mismas necesidades a los 20 que a los 40.
Lo que antes podía parecer importantísimo quizá hoy me da bastante igual. Lo que antes buscaba fuera, ahora muchas veces lo encuentro en estar tranquila. Y lo que antes necesitaba demostrar, ahora no tengo ninguna necesidad de demostrarlo.
No creo que eso sea dejar de ser joven.
Creo que es evolucionar.
A estas alturas tengo bastante claro lo que quiero
Quiero estar tranquila.
Quiero estar cerca de la gente que quiero y tener un círculo pequeño. Soy bastante selectiva con mi entorno y, sinceramente, lo que no me aporta prefiero evitarlo.
Ya no tengo demasiadas ganas de convencer a nadie de nada, ni de dar explicaciones interminables sobre lo que hago, lo que dejo de hacer o por qué tomo una decisión.
Me da mucha pereza.
Supongo que eso también es hacerse mayor: descubrir que algunas discusiones directamente no merecen ni cinco minutos de tu vida.
Y sí, sigo dándole vueltas a las cosas. Eso no lo he solucionado. 😂
Es algo que forma parte de mí y probablemente seguirá ahí. La diferencia es que ahora siento que tengo un poco más de control para decirme: hasta aquí.
Ser madre también me ha cambiado
Desde que fui madre no he vuelto a ser la misma.
Y no lo digo solamente porque ahora haya dos personitas que dependen de mí y que consiguen que pueda pasar de estar perfectamente tranquila a estar buscando unas zapatillas perdidas en cuestión de treinta segundos.
Ser madre ha sido lo más difícil que he hecho nunca.
Hay días en los que dudo de si lo estoy haciendo bien. Hay días en los que siento que se me hace grande. Hay días en los que estoy agotada.
Pero también tengo clarísimo que, con mis errores y mis aciertos, siempre voy a intentar hacer lo que considero mejor para ellos.
Y ahora que los veo crecer, hay algo que cada vez tengo más presente: cada año que cumplimos es un regalo.
Quizá por eso no me preocupa tanto cumplir años.
Porque prefiero cumplirlos.
Cumplir años no significa dejar de ser tú
Hay una parte de mí que espero no perder nunca.
La niña que llevo dentro.
Esa parte un poco alocada, un poco pava, que hace el idiota, que se ríe de tonterías, que se emociona con cosas pequeñas y que todavía puede disfrutar como una niña de algo que le hace ilusión.
No quiero convertirme en una persona seria y perfectamente madura las 24 horas del día. Qué aburrimiento, por favor.
Creo que madurar no significa dejar de hacer el tonto. Significa saber cuándo merece la pena hacerlo y cuándo no. 😜
Cada vez necesito menos cosas
También noto que con los años han cambiado mucho mis prioridades.
Cada vez siento que necesito menos cosas materiales y valoro mucho más las experiencias.
Una cena en un sitio bonito. Una escapada. Un viaje. Una tarde tranquila. Una conversación con alguien que quiero. Una cafetería que descubro y me encanta. Flores en casa. Música. Naturaleza.
Cosas que quizá no cuestan una fortuna y que, sin embargo, consiguen hacerte sentir bien.
Supongo que también llega un momento en el que empiezas a entender que acumular cosas no necesariamente significa acumular felicidad.
Y he aprendido que necesito estar sola
Me encanta estar rodeada de los míos. Muchísimo.
Pero también necesito mis ratos sola.
Un poco de silencio, tranquilidad, desconectar de todo y volver a mí. Es mi manera de resetear, respirar y volver con más ganas.
Antes quizá habría pensado que necesitaba estar haciendo algo todo el tiempo. Ahora entiendo que no hacer nada también puede ser exactamente lo que necesitas.
Entonces... ¿qué siento al cumplir 42?
Pues sinceramente, no siento que esté empezando una etapa de bajada.
Siento que estoy en una etapa diferente.
Una en la que mis hijos están creciendo, yo he vuelto a encontrarme, conozco mucho mejor mis límites, sé qué personas quiero cerca, tengo bastante claro qué cosas no quiero en mi vida y, sobre todo, me conozco mucho más.
¿Que dentro de unos años volveré a cambiar?
Seguro.
Y espero que sí.
Porque quizá crecer consiste precisamente en eso: no intentar quedarte para siempre en la persona que eras, sino seguir evolucionando sin perder aquello que te hace ser tú.
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